jueves, 24 de septiembre de 2015

Relatos: Duda y decisión

No se si será virtud o suerte, pero casi siempre que planeo un viaje las cosas salen como las había dibujado con anticipación, cada etapa se cumple, cada camino se llega, casi siempre alcanzo a visitar la mayoría de los sitios que me atraían.

Pero presupongo que una parte interesante de un viaje también es el imprevisto, el cambio de ruta, el objetivo que se niega. Esta vez hubo un poquito de eso.

Salí confiando que las cubiertas usadas de mi bici aguantaban, pero no fue así, cuatro pinchazos en dos días es mucho. Siempre la cubierta delantera. Pero aún así, y aún con mucho viento, fui andando. Pero lo que no estaba en los planes era la lluvia.

CAMPING LAGUNA DE LOBOS, PARTIENDO PARA LA CIUDAD

El pronóstico había sido optimista, para el miércoles, pero se adelantó al lunes. No era la idea quedarse en el camping con frío, lluvia y si nada que hacer. Así que emprendí el regreso un día antes tratando al menos de mantenerme seco.

En el camino hacia la estación de tren, otro pinchazo, un tren que no anda tampoco, la lluvia que ya comienza con leve llovizna. ¿Pedalear de Lobos a Cañuelas? Treinta y cinco kilómetros de asfalto hasta la próxima estación.

ESTACION LOBOS, LOS HORARIOS DEL TREN QUE NO FUNCIONO
¿Qué hacer? Realmente estaba entusiasmado de enfrentar el viento en contra, confiar que la cámara no se desinflase, el frío no era tanto.

Me asomé hasta el acceso a la ruta, pero la llovizna amenazaba convertirse en algo más en cualquier momento y eran más de dos horas de ruta sin ningún reparo.

Habría opciones inciertas, esperar el último tren del día que decían que si andaría, buscar un alojamiento para hacer noche en la ciudad, tomarme un remis que me cargue la bicicleta buscando otro tren en otra estación.

No soy bueno para las esperas, es lo que me atrae de la bicicleta. Pedalear es estar en movimiento, estar en camino, ir yendo.

Quedarme cuatro horas en la estación solo con una gaseosa y empanadas frías no me atraía. Las decisiones se embarran cuando hay varias opciones y ninguna clara.

Hubiera preferido que ese día fuera de viento, sin sol, pero sin lluvia y podría haber completado mi idea original que era seguir hacia el oeste, en lugar de tomar hacia el este.

Pero uno puede subir una cuesta aunque sea caminando con la bici, lo que no puede es mover un tren que no anda, ni detener una lluvia.

En fin, las decisiones son inseguras, quizás toda esta nota trata de eso…. De decidir cuando uno no puede y no sabe.

Al final, iba a tomar el tren en Lobos y lo tomé en Ezeiza, remis de por medio. No se si fue lo que me entusiasmaba, pero logré llegar a casa esa tarde casi seco.


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