domingo, 3 de febrero de 2013

Carnaval Porteño 2013, primera noche en Abasto

El primer fin de semana de febrero se inician carnavales porteños, en las quince comunas de la Ciudad de Buenos Aires, con la participación de más de 100 murgas.

Algunos de los corsos más tradicionales y convocantes son los de Almagro (sobre Corrientes, entre Medrano y Bulnes), Villa Crespo (Scalabrini Ortiz, de Corrientes a Velasco) y Flores (Gaona, de Donato Alvarez a Boyacá). Entre las más de 100 murgas que desfilarán por los barrios están Los Mismos de Siempre, Los Reyes del Movimiento, Los Verdes de Monserrat y Los Chiflados de Boedo. Los sábados los festejos se extienden entre las 19 y las 2, y los domingos y feriados de Carnaval, de 19 a 24.

Los carnavales porteños son una tradición nacida a mediados del 1700, que fue teniendo distintas expresiones y organización en el tiempo. Como baile de negros en los barrios de San Telmo y Monserrat, con fiestas y bailes más organizados y reglamentados, desfiles tradicionales en el centro porteño y la Avenida de Mayo, bailes en clubes. Paulatinamente en el siglo pasado va pasando a ser una expresión identificada con el barrio.

Prohibido por la última dictadura militar, va reconstruyéndose con esta identificación barrial en los últimos años. En 1989 se crea la Federación de Murgas y Comparsas de la Ciudad y Conurbano, en 1994 los centros culturales porteños comienzan a realizar talleres, en 2004 se declaran no laborales en la ciudad los días de carnaval y desde hace varios años se realizan corsos en los distintos barrios.

Hay una organización y competencia oficial de la Comisión de Carnaval que premia con subsidios a las agrupaciones participantes. La más difundida es el Centro Murga que tiene que cumplir con ciertos formatos como la participación de mascotas, mujeres y hombres, un desfile de entrada, presentación, crítica y retirada, la utilización del bombo con platillo como instrumento más característico, el vestuario.

También participan las Agrupaciones Murgueras que tienen más libertad en algunas de estas condiciones, y las Agrupaciones Humorísticas.

En la noche del 2 de febrero, en Abasto (Avenida Córdoba y Gallo) se presentaron Los Mocosos de Liniers, Los Desconocidos de siempre y los Mamarrachos de Almagro, Viva la pepa, entre otras. 

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Los Mocosos de Liniers es un Centro Murga muy numeroso y que está festejando su 60 aniversario. Identificado con los colores rojo y blanco, con sus vestuarios satinados, cubiertos con la clásica iconografía de bandas de rock, escudos de futbol, figuras del Che y Evita, personajes de dibujos infantiles.

Tomando como temas populares algunas canciones como Himno de mi corazón (Abuelos de la Nada) o La felicidad (Palito Ortega). Su potente percusión y las coreografías de sus bailes, sus mascotas. Una crítica muy basada en el mundo mediático y los temas de actualidad. La reivindicación genérica del barrio, del empedrado, del murgón.

También los Desconocidos de Siempre hicieron una presentación importante, en este caso con los colores negro, azul y blanco como distintivo, celebrando su 13 aniversario.

Los temas de presentación y de crítica tuvieron mucho parecido. Se destacaron con las demostraciones de baile de sus mascotas, chicas y muchachos. Presentaciones y crítica escritas sobre canciones populares. Algunos jóvenes padres murgueros participando con sus hijos en brazos. Acompañados de personajes disfrazados de payasos, osos y figuras infantiles.

La llegada de Los Mamarrachos de Almagro fue más modesta en número pero igualmente destacada en la actuación en el tablado. Nacidos hace unos diez años, como actividad de un merendero cercano a Plaza Almagro. Hicieron una sátira de la televisión, sobre temas y personajes un poco trillados, pero le pusieron bastante actuación, construcción de personajes, sumaron instrumentos como el acordeón y la guitarra. Y quizás con menos integrantes, pero también se animaron a su demostración de baile.

Hay demasiada reiteración en las presentaciones, un alegato indeterminado sobre el barrio y el murgón que se repite, una crítica que parece pensada a través del relato televisivo, una pretensión de rebeldía que paradójicamente se alinea con ciertas vallas políticas que caracterizan este tiempo nacional, mucha uniformidad en las propuestas quizás impuesta también por un formato demasiado reglamentado de lo que debe ser una murga.

La identificación barrial es una paradoja, por un lado se exalta pero por otro cuesta establecer las diferencias entre Liniers o Almagro. Tampoco queda claro la relación entre la murga, la política y los medios. A veces se proclama una actitud rebelde y en paralelo se exige una integración a ese sistema. Mientras tanto, pareciera que a las murgas les cuesta desarrollar una mirada propia y distinta de los temas obvios de los medios y de ciertos alineamientos políticos.

Sin embargo, esta fiesta pública reúne a vecinos, muchos jóvenes, chicos que juegan con espuma, vendedores de choripán que aprovechan la oportunidad, y muestra un lado un poco subestimado de la ciudad, menos fashion, menos Palermo Soho, menos modernidad.


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