miércoles, 25 de julio de 2012

Ruinas de Quilmes, Tucumán

Uno de los momentos más importantes del viaje por el Valle Calchaquí es visitar las Ruinas de Quilmes. Hemos partido temprano desde Tafí del Valle, recorrido por la Ruta Provincial 307 por El infiernillo, Amaicha del Valle, el Valle de Yokavil.

Al encontrar la Ruta Nacional 40 doblamos hacia el norte un par de kilómetros y luego encontramos el acceso a las Ruinas. Estamos a 225 kilómetros de la ciudad de San Miguel de Tucumán, un recorrido casi totalmente asfaltado aunque sinuoso y no en óptimas condiciones.

Hoy es una zona árida, de tierra arenosa, de pocas matas y arbustos, las sierras de la pre-cordillera al frente se muestran escasas de vegetación. Aquí llueve unos 200 o 300 milímetros al año. Dicen que las últimas temporadas las lluvias fueron un poco mayores de lo habitual.

En estas tierras la cultura calchaquí se dedicó a la agricultura y construyó una inmensa ciudad, tan pacífica y tan poderosa que fue capaz de resistir unos 130 años la colonización española (entre 1534 y 1665) hasta que sus últimos habitantes fueron llevados como esclavos a la actual localidad de Quilmes. Muchos murieron en el viaje, otros por las enfermedades y el maltrato. De los 2 mil Quilmes que partieron, solo llegaron 300 a destino.

Visitamos un sector habilitado y reconstruido de la ciudad calchaquí, con sus casas de gruesas paredes de tierra y piedra, sus silos para conservar alimentos, patios que comunican las viviendas, los senderos ascienden al sur y al norte por distintos puntos de observación que tienen amplia vista defensiva de todo el valle. Hay sitios donde se reconocen morteros, apachetas –montículos de piedra de sentido religioso y festivo-, el templo, más arriba una ciudadela fortificada para su defensa, y mientras que vamos trepando, vamos subiendo en la escala social y de poder de aquella civilización.

Al pie del Cerro Alto El Rey – Sierras del Cajón- se ubicaban las casas de las familias, más arriba era el lugar de los mayores y del chaman, en lo más alto estaba el cacique (2.300 msnm). Su lengua era el cacan, se dedicaban a la agricultura y alfarería. Hacia 1480 llegaron los Incas a la región.

Habían desarrollado obras de aprovechamiento del agua como acequias hasta una represa. Llegaron a ocupar 130 hectáreas. Un amplio sector de sus construcciones al sur de las ruinas se encuentra sin reconstruir y sin acceso a los visitantes.

En el ingreso encontramos algunos puestos de artesanías en cerámica, tejidos, madera y cardón, con motivos de los cuatro elementos en diseños de estilo rupestre, también hay algunos dulces, nueces, pasas, alfajores y bombones de higo. Al costado podemos conseguir unos panes rellenos a la parrilla para nuestro almuerzo. El hotel y el museo que aquí funcionaba por ahora están cerrados, en medio de un conflicto judicial entre el anterior concesionario y la comunidad aborigen.

Hoy nos da la impresión que todo en estas tierras es escaso, difícil de realizar. Sorprende que aquellas culturas calchaquí e incaica hayan elegido los valles cordilleranos para construir sus ciudades. Para formar parte de los más de 20 kilómetros de caminos del Inca que recorren toda nuestra Sudamérica. Quizás en nuestros diferentes modos de vida haya alguna respuesta. 

Siguiendo nuestro camino hacia el norte, por la Ruta Nacional 40 y el Valle Calchaquí,  encontraremos otros lugares con senderos y lugares arqueológicos como las Ruinas de Condorhuasi en El Pichao.

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